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Universidad Católica noquea a la U de un solo golpe

Universidad Católica tiene a un iluminado del área. Un tipo que no falla. Que mata cuando debe matar y que no necesita del mejor rendimiento de sus compañeros para ser el hombre del partido. Es Fernando Zampedri, el artillero del campeonato con 22 tantos, el atacante que se inscribió con el único gol del Clásico Universitario 193.

No fue necesario más. Ahí se terminó la incertidumbre y ahí se firmó la séptima derrota consecutiva de Universidad de Chile, que no se levanta de su dramático presente.

Tuvo su oportunidad de la U en el primer tiempo. Fue superior, hizo los mejores 45 minutos en meses, se creó ocasiones (dos claras), pero se quedó corta. No supo capitalizar. Y en su estado mental y anímico, donde cualquier rasguño es un golpe de KO, terminó pagando como se anticipó toda la semana.

Se perdió el cuadro laico. Todo lo bueno de la primera mitad desapareció. El bloqueo a la salida cruzada, el despliegue de Gonzalo Espinoza (el mejor de la cancha hasta que se dañó la rodilla derecha), el atrevimiento de Nahuel Luján. Puntos altos todos, ante una UC que se vio sorprendida. Y sobrepasada. Marcelino Núñez, desaparecido. Diego Valencia y Edson Puch, imprecisos. Fernando Zampedri, desabastecido. Era el momento de dar el primer combo, pero la visita no supo cómo. Es parte de su terrible segunda rueda, en todo caso, la incapacidad de convertir en goles los mejores pasajes de un partido. Le ha pasado todo el semestre.

También hubo polémica, en todo caso. De las grandes. A minutos del pitazo inicial, un error de Germán Lanaro dejó la pelota entre Luján y el portero Sebastián Pérez. La barrida del meta fue con todo, el argentino salió volando. “¡Penal!”, gritó toda la banca de la U, también su hinchada seguramente, pero Julio Bascuñán lo desestimó y el VAR, encabezado por Roberto Tobar, también. El portero toco levemente la pelota primero, pero efectivamente le pegó de lleno a la canilla de Luján. Pudo ser pena máxima y nadie hubiese reclamado.

La otra polémica de la primera mitad fue el planchazo de Diego Carrasco sobre Chapa Fuenzalida. Amarilla, pero con pinta de roja. El juez y el VAR, sin embargo, volvieron a callar. Detalles relevantes de un partido que en el segundo tiempo se volcó totalmente en favor de Católica.

Ya está dicho, la U no sabe pegar. El problema es que tampoco sabe recibir. Y los dueños de casa tienen a un animal en el área, que si le dan espacio, no perdona. El centro fue de Alfonso Parot y el cabezazo implacable, de Zampedri. Por delante de Carrasco, por encima de Cachila Arias. Un golpe fulminante que dejó parado a Fernando de Paul. Apenas un gol de diferencia, pero se sabía de antes: Universidad de Chile no tiene armas ni espíritu para recuperarse de esas caídas.

Lo peor para el cuadro del chuncho es que su banca también se nubló. Cristián Romero falló en los cambios. Sacó a Luján (quizás cansado), el más incisivo. Sacó a Marcelo Cañete, el conductor. Su equipo se desconectó. La tarea se le hizo más sencilla a Católica, que se dedicó a manejar el partido. No era necesario acelerar a fondo ante un rival que se ve agonizante.

Aún así, la U tuvo algunas chances de empatar. Carrasco pifeó, Larrivey provocó una volada del Zanahoria. A los ponchazos, eso sí. Con deseo, no con fútbol. Problemas sencillos de resolver para los nuevos punteros del campeonato. Todo se acabó, eso sí, con la tontera mayúscula de Marcelo Morales, el juvenil que duró tres minutos en cancha y fue expulsado por dar tres golpes de puño a la espalda de Zampedri, en la disputa de una pelota. Burdo. Imperdonable.

Fin de la lucha, aunque la realidad es que todo terminó con el gol de Zampedri. La UC es líder, con un partido menos de Colo Colo. La lucha por el título está muy caliente. A Universidad de Chile le queda el mínimo consuelo de una derrota digna. Demasiado poco para un presente tan oscuro y triste. Séptima derrota consecutiva, que deja al cuadro del chuncho al alcance de Curicó Unido. La zona de promoción está encima de los azules, la debacle no se frena.