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Piñera y Guillier van por la segunda vuelta más incierta desde el retorno a la democracia

Chile habló. En completa normalidad se desarrolló el proceso electoral este domingo, donde además de Presidente de la República se renovó la totalidad de la Cámara de Diputados y los Consejeros Regionales además de la mitad del Senado.

Las cifras entregadas por Servel arrojaron 6.594.022 votos válidamente emitidos, lo que a todas luces arroja un nivel de abstención similar a 2013, es decir, entre un 50 y 60 por ciento.

En la carrera presidencial, el candidato de Chile Vamos, Sebastián Piñera, se alzó como el vencedor de la jornada con un 36,64% obteniendo 2.416.054 sufragios. Sin embargo, no ganó con la holgura que esperaban. Si bien superó la cantidad de votos obtenida en las Primarias Presidenciales de la oposición (826.330 votos del candidato y 1.415.901 votos a nivel general de pacto), obtuvo 658.110 votos menos respecto a la primera vuelta presidencial de 2009.

Y si bien es cierto que el balotaje era un hecho concreto más que una mera posibilidad electoral, la definición entre Alejandro Guillier y Beatriz Sanchez para saber quien acompañaría a Piñera en Segunda Vuelta fue literalmente voto a voto hasta el final. Y es que impulsada por los votos obtenidos en el extranjero hasta las 18:00 hrs. del domingo, principalmente en Europa, Sanchez llegó a obtener un 30% de los votos. Pero con el correr de las horas, y a medida que avanzaba el escrutinio en territorio nacional, el abanderado del pacto Fuerza de la Mayoria iba acortando la brecha que lo separaba de la representante del Frente Amplio hasta superarla por 159.938 votos.

En definitiva, el Senador por Antofagasta obtuvo un 22,64% de las preferencias (1.496.560 votos) , y aunque su desempeño estuvo muy lejos del caudal histórico de votos de la Concertación como de la Nueva Mayoría durante la elección de la Presidenta Michelle Bachelet en 2013, fue suficiente para asegurar su paso a la próxima instancia.

Los rezagados

Una de las sorpresas de la jornada fue la votación obtenida por el candidato independiente José Antonio Kast, quien se posicionó en cuarto lugar con un nada despreciable 7,93% (522.946 sufragios). Y a pesar de no pasar a Segunda Vuelta como era su objetivo, el ex-UDI obtuvo una cuota significativa de votos que puede marcar la diferencia para las pretensiones de Sebastián Piñera, a quien ya oficializó su apoyo en horas de la mañana del lunes.

Sin embargo, las grandes derrotas de la jornada fueron protagonizadas por la abanderada DC Carolina Goic y el candidato del PRO, Marco Enriquez Ominami, quienes obtuvieron 5,88% y 5,71% de las preferencias, respectivamente. No obstante el resultado, que claramente hunde a la Democracia Cristiana en una crisis política sin precedentes en la historia de Chile, la candidata falangista no quiso comprometer su apoyo a Piñera o Guillier, dejando la decisión en manos de las instancias superiores del partido.

Lo llamativo de la candidatura de ME-O es que quedó empíricamente comprobado que es la votación más baja que ha obtenido en sus tres intentos por llegar a La Moneda. Recordemos que en 2009 llegó a obtener un 20,14% con cerca de un millón y medio de votos. En cambio, esa cifra se redujo a un 10,99% en 2013 con poco más de 720 mil votos. Es decir, el candidato progresista ha perdido de manera sistemática y progresiva 347.136 sufragios respecto a 4 años atrás y 1.028.718 votos desde su primera irrupción presidencial.

En la parte baja del escrutinio, los candidatos Eduardo Artés de la Unión Patriotica (UPA) y Alejandro Navarro del partido País registraron uno de los desempeños más bajos que se recuerden, con 0,51% y 0,36% respectivamente.

El Factor Sánchez

La votación obtenida por Beatriz Sanchez en las urnas posiciona de manera sorprendente y contra todo pronostico al Frente Amplio como tercera fuerza política del país, y de paso puede jugar un rol decisivo en el resultado de la segunda vuelta.

La periodista obtuvo 1.336.622 sufragios, equivalente al 20,27% de los votos. Y aunque dejó en claro que la decisión de apoyar a Guillier o dejar en libertad de acción a sus electores quedará supeditada a lo que definan las bases del Frente Amplio, lo cierto es que el abanderado oficialista no la tiene fácil a la hora de negociar los votos que necesita para ganar el balotaje. A eso sumemosle la decisión que pueda adoptar la DC tras la derrota de Goic, por lo que hay muchas cosas por definir previo al 17 de diciembre.

El nuevo congreso

En las parlamentarias, la correlación de fuerzas tomó un giro inesperado. En la elección de diputados, Chile Vamos aumentó su participación con un 38,66% obteniendo 73 escaños, seguido de Fuerza de la Mayoría que con un 24,05% de las preferencias obtuvo 43 diputados. Más atrás se posicionan el Frente Amplio con un 16,50% y 20 escaños, Convergencia Democrática (DC-IC-MAS) con un 10,68% y 13 diputados, la Coalición Regionalista Verde con un 1,92% y 4 diputados y finalmente tanto el pacto Por Todo Chile (PRO-País) como las candidaturas independientes fuera de pacto obtuvieron un escaño cada uno.

En el Senado ocurre algo similar: Chile Vamos lideró las preferencias obteniendo un 37,12% y eligiendo 12 senadores, mientras que Fuerza de la Mayoria con un 22,80% aseguró 7 escaños. Más atrás, Convergencia Democrática con un 14,33% obtuvo 3 escaños y finalmente el Frente Amplio aseguró un puesto en la cámara alta al obtener un 11,07% de los votos.

Entre los partidos más votados, Renovación Nacional se alzó como la principal partido del país, arrebatándole el cetro que por años ostentaron sus socios políticos de la Unión Democráta Independiente (UDI), mientras que al interior de Fuerza de la Mayoria fue el Partido Socialista quien aseguró la mayor cantidad de votos en desmedro del Partido Comunista que fracasó en su intento de volver al Senado tras más de 4 décadas de ausencia, a pesar de haber obtenido 8 diputados dentro del pacto oficialista.

Y aunque al interior del Frente Amplio la correlación de fuerzas es mucho más pareja, Revolución Democrática se alzó como el partido más votado dentro del pacto electoral.

Así las cosas, se espera que la segunda vuelta electoral sea la más abierta, competitiva e incierta que se haya llevado a cabo desde el retorno a la democracia en 1990 y deja a los vencedores el desafío no solo de movilizar a sus propias fuerzas y sumar apoyo político entre los perdedores, sino que muy especialmente el de reencantar a quienes no votan y convencer a los indecisos. La mesa está servida.